9 de febrero de 2010



Con el cordón
de un zapato





Y van tres. Pero qué más dan tres, cuatro, cinco... o seis. Y ya van tres. El último, dicen, se ahorcó con el cordón de un zapato. Sería un cordón del grosor de un abrazo, pues ancha era la marca en el pescuezo. Yo no vi el cuerpo, pero me dijeron quienes lo vieron que tenía el cráneo hundido del lado derecho. ¿No sería un zapatazo? ¡Mal pensada! Y ya van tres. Y ya ven. Ni explicaciones ni causas. Sólo funerales de presos. Y ya van tres. A mí me lo dijo su tío, que venía del entierro. Él reconoció el cuerpo. Y ya van tres. Se manifestarían con pancartas y buscarían respuestas. Pero ya van tres en algo más de un mes. Era gallego. Los otros creo que también. ¿Se suicidaron los tres? ¡O los mataron! Shh. Calla. Van tres. ¿Sabes cómo se llamaban? Se juntaron sus amigos tras las consignas y mostraban fotografías a la gente que pasaba. ¡Para qué harán esas cosas! Lo que ocurre en una mazmorra no lo sabe nadie. Tenían nombre, sí, y también rostro. Tres, en poco más de un mes. ¿Y todos jóvenes? Ya hace años de ese otro caso... Con aquel serían cuatro. Y miles antes de él. Dile a su tío que lo siento. Y ya son tres. ¿Los habrán matado a todos a patadas? Shh. Que te calles, ¿no ves que las paredes oyen? Ojalá. Y ojalá sirvieran de testigo en esta causa. Por estas causas, que ya son tres. ¿Qué se sabe de las madres? Nada. Muriendo. Y ya van tres. Que condenen al culpable. Eso es delito. ¿Por qué? Porque el culpable es la ley. Shh... Y ya van tres.




7 de febrero de 2010


¿?

[o conversaciones sin extraños II]



-Si tú eres yo y yo soy tú...

-Podríamos repartirnos el trabajo.






5 de febrero de 2010



Exabruptos terapéuticos
[últimas noticias del Departamento Científico Utópico]


William Morris


¿Has tenido un mal día?

¿La vida te está tratando mal?


No sufras más.




La versión genérica del ya famoso KELEDÉN,
pero mejorado con extracto de pata de perro,
como se puede leer en la parte superior del envase.
Además viene en tabletas, para tus bocadillos
[o los de William Morris].
Y no necesita receta.





31 de enero de 2010



composición poética acerca del significado de las cosas
[aunque no tiene ella misma mucho significado que digamos, por eso no lo decimos]

Hoy la noche vendrá temprano. Y mañana llegará temprano el día. Aún estará aquí la noche por la mañana y, cuando despierte, seguirán estas palabras colgando en medio del oscuro.
Miradlas. Así suspendidas, parecen prendas en el tendal, rompecabezas en vertical. O lágrimas de una pantalla que en vez de suspirar calla.
Las ventanas no saben que son puertas, no. Ni las bombillas ideas. Y aunque el tiempo haya dejado de existir, este reloj detenido tiene más significado que ciento marchando.
Escuchadlo. Así callado, parece un muerto tumbado, mecedora en pausa. O una tímida luciérnaga que a lo lejos danza y se apaga. Vibra su silencio entre mis manos. Y es así, de esta manera, que los instantes cobran una dimensión más plena. Las pupilas se dilatan, se agudiza la mollera, se cruzan las piernas y se estiran las ideas. Gira el carrusel de todas las cosas dando sentido a su eje. Gira el mundo en torno al ojo y la mirada, en punto parada, significa un carrusel llamado Mundo.
Sentidlo. Así girando, parece un tiovivo, una noria, un remolino; y es un capricho mío nada más.
¡Quién no ha querido bajarse alguna vez! ¡Quién no ha querido lanzarlo a un brasero! ¡Quién no ha querido salvarlo, conquistarlo, perderlo o regalarlo! ¿No habéis querido nunca abrazarlo?

No es tan grande, pues cada uno tiene el suyo. Ni tan azul, pues algunos he visto yo de color negro. Pero todos tienen algo que los une y es el eje donde gira cada uno; pues, aunque no todos los mundos se parecen, los ejes que los inventan, tienen todos un genoma semejante.

Y así, entre tanta zarandaja poética, vamos llegando a la meta.


Porque el mundo es un brasero

y un paragüero

y un singular quebradero

de sueños.

Así que imaginen el aspecto del eje que le da sustento. Un eje visceral que, contento, cuenta cuentos, compone versos y prodiga besos. Aunque enfadado desdiga lo dicho, rompa lo pegado, tuerza lo erguido y arañe lo acariciado. Y este eje del mundo, que también es un mundo, duerme contento cada noche soñando que en la mañana, cuando despierte, la ventana seguirá siendo ventana y él seguirá siendo el eje, nada más, que de su propio mundo.





24 de enero de 2010



La felicidad del desgraciado

[o conversaciones con extraños V]


Queridos utopienses y utopiensas que puesto que utopensais, utoexistís...

Os traigo un regalo: el retrato de un personajillo bien curiosillo.





Le llamaremos “El Encefalolisto”, un ser que nunca antes había sido visto. Es un personajillo extraño, huraño, marchito, que se pudre en el rincón de una viñeta manoseada por todos. Pero no es virus, y no sabe saltar del camino hasta los bronquios. Alguno seguro habréis visto, pero no habéis reparado en él, o él en vosotros. Son discretos. Pero si te echan el ojo empiezan a hablar y es imposible hastiarlos. Ellos se retroalimentan con sus propias palabras hasta que revientan como garrapatas. Beben tanta tinta cuanta son capaces de convertir en palabras, no más. Si un poquito más, explotan en un acto a lo bonzo por su causa.


-Oh, claro que sí Joe, el encefalolisto: un ser que nunca antes había sido visto.


Pero no debéis dejaros enternecer por sus desgracias, pues viven precisamente de aventuras. Ni prestéis atención a sus quejidos, pues son muestra de un gigantesco orgullo herido. ¡Y se les hiere tan fácil en su orgullo!


-¡Y cuánta falta les hace que se les hiera ahí, en su perfecto escudo blindado del “yo ya me lo sé todo”!


Desde la paz, huíd del encefalolisto o, de lo contrario, romperéis su felicidad aliviando sus desgracias. No escuchéis al encefalolisto, pues existen dos motivos: en primer lugar, porque su discurso es siempre el mismo; y en segundo lugar, porque se le hace mejor favor con el desprecio que con la alabanza.


-Pero a veces es dañino, el encefalolisto.


Claro. El encefalolisto, además de tener encéfalo, es listo. Y sabe hablar por los codos más allá de las leyes del decoro. Se vuelve atractivo en ciertos momentos, le brotan ingenuidades egocéntricas de vez en cuando que lo enternecen a los ojos del oyente, que lo “feminizan” o lo envuelven de deseo; del atrayente deseo de los sentimientos sublimes (esos que de vez en cuando nos hacen callar). Pero en él no callan, no se detienen, siguen sin pausa. Son partituras en las que se han omitido los silencios, la ausencia de una ausencia; es decir, un embotamiento de las emociones que no deja lugar a la conversación. Él solito se responde, el encefalolisto.


-Es su lógica del “yo ya me lo sé todo” otra vez, ¿verdad?.


Verdad. Lo sabe todo, el encefalolisto. ¿Qué se le puede ofrecer sino nada? ¿Cuál es la carencia más amplia del encefalolisto?


-¿La superabundancia de sí mismo?.

-¡Exacto! Y la arrogancia.


Por eso, el encefalolisto, se viste de héroe pseudo-romántico y mendiga la nada que le falta. Pero como lo que le falta es nada, nada pide y nada se le puede dar. El encefalolisto es feliz, pues todo lo tiene; pero es desgraciado, pues no tiene nada.


-Buf.

-Ya.





17 de enero de 2010


Gárgolas



Gárgola de antaño




Gárgola de hogaño



16 de enero de 2010


Caminante, haz camino

[o conversaciones sin extraños I]


A madman is not only a beggar who thinks he is a king

but also a king who thinks he is a king

[Un loco no es sólo el mendigo que se cree un rey,

sino también un rey que piensa que es un rey]

-The Ticklish Subject, Slavoj Žižek (parafraseando a Lacan)-



Cualquier vida es vivible; de no ser así, no sería una vida. En ese estado viviente, es posible actuar: llevar a cabo acciones en diferentes direcciones. ¿Qué acciones merece la pena llevar a cabo? O dicho de un modo más convencional: ¿Qué vida es la que más merece la pena vivir? ¿Qué camino seguir? [Porque hay caminos, por mucho que diga Machado, que se nos ofrecen heredados.] ¿En qué empresa invertir la energía vital del ser viviente?



El conflicto es inevitable. Escudriñamos senderos, tanteamos sociedades, probamos grupos, escribimos tratados, trabajamos, nos encamamos, militamos, estudiamos, etc., en busca de caminos, de guías, de maestros del cómo vivir. Ahí es donde la curiosidad, como al gato, en vez de estimularnos nos mata.

Cuando tomamos un camino ya marcado, ya recorrido por otros, estamos renunciando al amplio abanico de otras acciones posibles. Es en este sentido en el que la curiosidad por la vida del otro se vuelve cotra uno mismo y en vez de ayudar a su vida, contribuye a su muerte: lo mata, al convertir sus acciones en la repetición, en el eco incesante de una única acción. Por este motivo, en nuestras sociedades, la vida está perdiendo o ya ha perdido su sentido: se ha convertido en un puñado de acciones que se repiten una tras otra en una secuencia interminable, una suma de ceros que cada vez que suma, en realidad resta.

Ninguna de las vidas ya vividas, merece la pena vivirse otra vez. Aquí hay que aparcar las imitaciones y las réplicas a los seísmos de ciertas acciones y provocar uno mismo un volcán, o un terremoto, o mejor: un pensamiento nuevo que haga tambalear todos los cimientos de las instituciones caducas. Pues es precisamente esta empresa la que más nos apremia, si no queremos ver nuestras acciones cada vez más limitadas y nuestras vidas cada día más carentes de significado.


14 de enero de 2010


La Enamorada


En invierno, al calor del frío, se acurruca. Va enternecida a todas partes y con cara de ¡vaya! y mira tú por dónde. Así, contenta, se fustiga un poquito cada día. Luego acaricia y besa y siente, al calor del frío, el invierno fuera. Y, sin embargo, es verano dentro. Saborea el cálido cuerpo con la memoria. Los remolinos de sus vellos y su aliento, tan húmedo, tan intenso.


Mientras él duerme, ella vela.

Mientras ella vela, él viento.


Es la enamorada, miradla. No es hombre o mujer, ni sueño, ni barco, ni faro, ni timonel. Es la enamorada. En su mente un candil siempre brilla y el pecho enseguida se inflama; está enquistada en la vida, la enamorada. Es efusivamente feliz o tremebundamente desdichada. Y es hermosa, la enamorada.


Mientras él duerme, ella vela.

Mientras ella vela, él viento.


Nunca se dejó seducir por algo menos. Su dignidad de marfil es un ungüento para noches de insomnio; a veces no duerme pues vela, otras veces no duerme pues deambula. Y entre tanto ir y venir, se descubre siempre amando la enamorada. Una persona obstinada, ni macho ni hembra, ni don Inés ni doña Juana: cualquiera es la enamorada.


Mientras él duerme, ella vela.

Mientras ella vela, él viento.




10 de enero de 2010




NUEVA PROGRAMACIÓN EN
UTOPÍA TE HUBE
con...


El mejor cine






Conciertos temáticos




La hora del deporte





Desvaríos y Variedades










4 de enero de 2010



Año nuevo, vida nueva

[o a vueltas con el tiempo]


Como fiel seguidora de la sabiduría popular, de la cual participo siempre que logro, me dejo taladrar las ideas con viejos conceptos heredados de un tiempo tan añejo que huele a lo que huelen los baúles abandonados: a abandono. Y sin embargo, qué olor tan poderoso. Con qué fragancia penetrante tan atractiva nos roban el seso y nos dejan, cual mojamas, esperando que alguien suba al desván y quite el polvo. Pero quién va a subir a las alturas cuando queda tanto suelo por barrer.

Afanados como estamos en este punto tan de hueso pelado y recuerdos de lo magro, quién se atreverá a atender los asuntos pendientes. ¡Si los de ahora son siempre gigantes de dos cabezas! Con esos lunares que rompen lo impoluto del pasado, mi precioso pasado con topitos, los borrones y despliegos, las roturas de corazón con esparadrapo, las variaciones geográficas, los desniveles, los anclajes y un naufragio, no más. También las risotadas. Y las albricias también.


-¡Se me calle esa voz!.

-Pero, ¿No era éste el tiempo del recuento?

-No, dirán, -que el tiempo del recuento ya pasó.


A mí no me ha dado tiempo a nada, así que el desván sigue criando polvo. No está mal acumular polvo, es una cuestión de tiempo, finalmente. Y yo en el tiempo estoy perdiendo la fe.

Me preguntan desde el desván:

-¿Dirán tiempo cuando quieren decir movimiento? ¿Creerán que ambos conceptos son sinónimos? ¿Será que yo no comprendo?


-¡Oh, cielos! ¡Que nadie suba al desván!


Retrocedo. Comienzo retirando de la mesa pequeñas migajas de instantes inconexos. Los junto en un montón de pequeñas migajas de instantes inconexos. Y con esa pequeña migaja de instantes inconexos, me entretengo; construyo incongruencias de papel con migajas de instante. Un manjar para tunantes del querer prosar sin prosa, del querer morir sin muerte o del querer vivir mil vidas. Y la sartén a fregar.


-Esto no es nuevo. Es exactamente igual.

-Pero, ¿tú no has visto pasar el tiempo?.

-¿Por dónde? ¿Cómo vestía?

-Pasó escondido entre las horas.


¿Quién osó inventar significantes que no significan? Qué paradójico es responder con otro significante que no significa para significar un significante previo que tampoco significa. Este tipo de inventos desquician, pero entretienen.

-Claro, cositas para matar el tiempo.

Sí, dicen que también muere, matando, el tiempo. Por supuesto; y además vuela. Y tiene el don de la ubicuidad, de la inexorabilidad y se estira y se encoge y se recoge en recuerdos. Pero los calendarios… son oscuros como pozos eternos. Son insondables. Se van tachando en ellos los días como a la deriva sobre una balsa imaginaria que luce en su casco el nombre de la divinidad que nos deporta: el tiempo, contra el que hoy contraditirimbo. Y contra sus enfermedades: inventos derivados de otro invento, mentirijillas colaterales de la gran patraña.


-Mi abuelo te diría que el estrés es “una cosa de tres” y se quedaría tan pancho.


-¡Que se me baje esa loca del desván!


Ya bajo. Vuelvo a la inopia. A dejarme mecer en esos tranchetes fundidos que son algunos días generosos. Lo siguiente que haré será dormir y mañana…

Ya todos sabemos que el mañana nunca muere.



-...A lo mejor es porque no existe, se oyó decir en el desván.



27 de diciembre de 2009




Amanece el poeta
[que no es poco]


Entre un legajo de sábanas húmedas y mil cojines
se retuerce una medusa medio muerta.
Eres caracolillo de mil mares.
Eres un amanecer difuso sin luz ni poso.
Mecedora meciente. Eres el alfiler famoso
que ya nadie atiende.
Tus palabras, corsarios en bote de remo,
derivaron a un islote circense.
Eres liquen. Eres madreselva.



Buenos días un día más.
Se te vieron los ases en la manga rota.





Petrificando la duda en medio del laberinto;
te miro y te admiro desde estos versos acueducto.
Entre tu mugre hay un intervalo siniestro
por donde se cuela la noche en pura esencia.
Y llegan hasta ti los secretos del vecino
sin moverte de este catre o galimatías.

Luego lo escribirás bien claro en letras yertas.
Te tiritan las comas y los puntos y te ríes.
Tienes el corazón dichoso del ermitaño lúcido
que se emboza en un pijama de muñeca.
Tu sencillez, poeta, hizo la norma.
Tus acrobacias nicotinómanas le dieron forma.
Y ahora, yaciente como un fraude de difunto,
te retuerces entre tus mil noches ratonera.

Vagas sin mover una pestaña
con cara de querer a todo el mundo.
Eres ojos de cordero y dientes de ajo.
Eres viborilla de los parques
y paloma en los jardines.
Una fantasmagoría hecha ombligo.

Te miro desde estos versos en tu lecho de inopia
y me pregunto qué demiurgo te dio forma.


Ser extraño, medianía entre lo claro y lo confuso.
Entre tu ser y tu parecer hay un gran pozo
por donde se cuelan tus amores agoreros.

Misántropo y sedicioso,
eres un bucle entre las raíces de dos flores;
una se llama ternura y la otra no se deja definir.
Más de una vez se preguntan
en qué yunque forjaron tu entereza.
Ellos no te ven entre tu legajo de sábanas
tratando de arrancarte del ensueño
para ir a arrojarte de bruces contra un mundo
que no te sabe medusa, ni liquen, ni madreselva.


Ahí estás planchando tus ideas,
buscándote entre los huesos un buen verso primero.
Te palpas las sienes y te sientes corpóreo;
todavía no entendiste que eres un verso;
no un beso.
Pero un orgullo intrínseco a tu fuerza
te reclama mil noches más contra la almohada.
Desde el techo de tu propia fantasía,
te miro y admiro tu ego-elitismo:
Te has arrancado los ojos en castigo
y así no ves más que lo que llevas dentro.
Bravo por tu insolencia y tu talento,
y réquiem por aquello que rompiste.

Tu pluma es un alambre que abre puertas
mientras golpea tus ojos la luz de la mañana.
Te quieren vivo para entregarte a la muerte.
Te quieren reo para perdonarte la vida
en una algarabía de clemencias que te aplauden la paciencia.
A ti, que vas servido de servidumbre hasta las cejas.

Eres ninfa en los bosques
y orco en las fauces del que atrapa mariposas.
Te hiciste con un cojín para la nuca
y un humedal de sábanas a rayas.
Te envolviste en tu crisálida de estiércol
y descubriste todo cuanto parecía cierto.
Amaneces abrazado a tu tarea
de dejar preñado al mundo con tu prole.
Ojalá lograras ser apenas medusa,
o rincón con mil noches libres de carga.





Nadie te obligó a ser quien eres.
Fue tu indomable desquicio de salmón
o tu indescifrable piel de cebra.

Ya es de día. Ya es de día otra vez.

Ahí escondido del barullo pareces un lechón ceñudo.
Lo que viste una vez no te dejó ya nunca.
De la noche de ayer sólo recuerdas su aroma,
pero no retuviste ni un solo embuste.
Eres fantoche sin tablas.
Y cocodrilo de río.

Te bates y debates como en un trapecio
haciéndole cosquillas al destino.
Te dirán cretino quienes no te entiendan.
Pero yo, mirándote en estos versos difusos,
sé que te cargaste a hombros un cuaderno
para recordarte un juramento que agoniza.
Despierta, poeta, ya es de día.
Has de arrojarle a este mundo tus migajas
y ya veremos a qué gaviotas alimentan.

Mientras, deja que te afloje la mordaza y
confía
en que por una vez, quizás mañana, te besen en la boca
sin espada.




21 de diciembre de 2009

21 de Invierno

Al asombro del microscopio


Paso lento a paso lento y más lento paso lento.

De toda la tumultuosa y atropellada secuencia de los días brotan imágenes inconexas que todo lo pueblan. Vienen de aquí o de allá. Vienen del mundo y al mundo van como reflejos eternos en el gran espejo terráqueo. Lúgubres a veces, otras veces pletóricas. Las imágenes de los otros y de las otras, de la vida sin ti o contigo, de un sinfín de atributos que se ven venir y luego partir de nuevo rumbo Rebosando. La nitidez de tu rostro dormido. Una niña que no conozco de nada. La gata del vecino en la ventana mirando a la nada con gesto cínico. Y pasa una mujer descalza mirándose los pies. Y pasa una araña coja sobre el cristal de mi microscopio magnético. Y pasa la noche. Y pasa una bombilla que se funde y un sindicato que se funda y el submarinista ebrio se enfunda en su neopreno y duerme. Y pasa un helicóptero o un trueno. Y pasaba el sereno. Y pasa, también sereno, Silvino. Y pasa el rato. Y pasa, con verso quebrado, un cabreado solo. Y pasa, todopoderoso, mi gran amigo el raposo. Y pasa una racha de viento, o de tiempo, moderada. Y pasa por delante de mi microscopio un capo y un copo y un cupón para mañana. Y pasa un charco que pisé. Y pasa un charco que no pisé. Y pasa el Guernica. Y pasan, erguidas, las piernas que viajaron a Sevilla. Y pasan, sentadas, las manos que nunca hicieron la higa. Y pasan, de cuclillas, las mejillas coloradas de las mejilloneras. Y pasa una beata lívida, no de Liébana. Y pasa la sábana y la toalla y una estufa. Y pasa una duna y un tuno. Y pasa una sandalia sin dueño. Y pasa a paso lento el paso lento y más lento.

Todo lo entiendo así: sin entenderlo. Así, sin atraparlo. Dejándolo pasar solamente hacia ese incógnito agujero hueco del asombro.


y pasa Travis...



14 de diciembre de 2009



Desde donde el duende decidió dormir.




Desde divinos diluvios...


...Se ahondan y dudan,

pues ahondar es beber.


Desfilan difusos,

pendencieros,

dadores y dados,

domadores de mentes,

adocenados del caldo caliente.


Decid mentiras, si queréis.

Decid: -¡diablos!, ¡diantres!, ¡liendres!.

Desdecid después a vuestros dientes

pues guardan dentro, escondidos,

los remordimientos mal mordidos.


Desde donde el duende decidió dormir,

han venido diminutos disgustos

bogando en un dedal.

Y el edil de mi pueblo es idiota.

Pero ¿y qué?

¡Si a nadie más le importa!


Diversos y diáfanos, los días,

se divulgan y dividen

como panfletos políticos.

Mientras las damas idiotas se dibujan

párpados de hollín disidente.

Si al menos tú fueras diferente…


Decidme dónde habita

la divina tragedia del cuándo;

el idílico atardecer de entonces

o aquel deseo irredento y fiero

de no volver a morder

manzanas ya mordidas.


De jamás morir hasta después

de haber divertido y donado,

pervertido y sanado,

a más de dos.


Y de ti también me iré.

Y de todos.

Y de todo.


¡Y qué si me invaden los días!

¡Y qué si me rompen las olas

las rodillas!


Decidme: ¿qué camino

me llevará del hastío

hacia el delirio?


Mostrádmelo ahora

pues lo necesito.



9 de diciembre de 2009



Mi fortuna es un hogar

[de asoleceres y hogarecidas]



Vengo del bienestar al también estar… y tan bien. Vengo de mi hogar a mi casa y hogar. Me fui con mi hogar a mi hogar y luego volví a mi hogar y con él. En medio, el camino. En medio, canciones.

Aquí y allí, el hogar y distintos. Aquí y allí, dos pequeños rincones en el inmenso infinito. Aquí y allí, gigantes abrazos ansiosos por llegar, por colmarse y calmar la sed del añorante. Abrazar el hogar y quedarse tumbada en el sofá, tranquila. Dejarse abrazar en el hogar con el hogar también dentro. Ser hogar. ¿Hogareña? No, y tampoco casera; sólo hogarecida.

Cuando se acerca el invierno, hogarecerse es el más sabroso de los condimentos del día, suculento manjar de no siempre. Guardar las manos en casa y los pies de un charco. Salvar las orejas del viento y la nariz de la escarcha. Recoger la melena en un moño y sobre el moño una tienda de campaña. Zapatillas. Lucecitas. Y escuchar las campanas fuera, y escuchar las tormentas fuera, y disfrutar de la luna pequeña rodeada de un marco-edificio paraíso de palomas, gatos y gaviotas.

Estas habitaciones invernadero también hibernan. Se han venido conmigo a vivir y a la inversa; que no es morir, sino compartir intimidades.

Y ahora me pregunto, ¿habrá quién no quiera hogarecerse? ¿Habrá alguien en el mundo que no tenga un pequeño refugio para sí? ¿Un lobezno sin madriguera? ¿Será posible con este tiempo luchar cara a cara contra las borrascas? Y los abrazos, ¿quién se los dará?.

Y ahora pienso que es verdad que hay quien no puede hogarecerse en invierno. Hay alguien en el mundo que no tiene un pequeño refugio para sí. Hay un lobezno sin madriguera. En este instante alguien lucha cara a cara contra las borrascas en el inmenso infinito. Y los abrazos, nadie se los da. Ni los buenos días nadie.






Y ahora siento la terrible soledad del abandono.

Y me visita la rabiosa soledad del apartado.

Y ahora siento la impotente soledad del exiliado.

Y me envuelve la oscura soledad del calabozo.

Y ahora siento la inevitable soledad del solo.

Y me enluta la injusta soledad del ciego.

Y siento ahora la silenciosa soledad del sordo.

Y esta hogarecida soledad asolecida.



3 de diciembre de 2009


Una canción nace, crece, se reproduce y…

Una canción nace, crece

y se reproduce.

[En diferentes formatos]


Esta canción nació en el año 1970 cuando Patti D’Arbanville, por aquel entonces compañera de Cat Stevens y actriz de inspiración Warholiana, viajó desde Londres a Nueva York por cuestiones de trabajo. El añorante Stevens sintió el dolor de la ausencia donde otros hubieran sentido sólo el de la distancia y recreó la escena más triste que crearse pueda. [Bien lo sabía Poe cuando escribió The Raven y bordó un "Nevermore" en el corazón de todos cuantos han leído esos versos.]




Pero Patti no estaba muerta, que estaba de parranda:


Stevens escribió esa canción cuando me fui a Nueva York. Me fui por un mes, no era el fin del mundo, ¿no?. Pero él escribió esta canción acerca de "Lady D’Arbanville, why do you sleep so still…”. Es sobre mí muerta. Así que mientras yo estaba en Nueva York, para él era como si estuviera tumbada en un ataúd. Escribió eso porque me echaba de menos, porque estaba deprimido… Es una canción triste.


Patti D'Arbanville


Es una canción triste, sin duda, pero tan bonita que te pone alegre. Hay canciones que abrazan igual que abrazan los brazos que saben abrazar, con cariño, con fuerza; como sosteniendo el mundo durante un momento.

Conocí a Lady D'Arbanville bajo el cielo estrellado de una noche de verano, junto al fuego. Desde entonces ha venido conmigo a todas partes. He buscado versiones, las he hallado; he buscado acordes y lo he intentado, pero no puedo con otra versión si no es también de su autor. No me preguntéis por qué. Será porque se equivoca y dice "mierda" en plena actuación. O porque es ésta y no otra la que escuché aquella noche bajo las estrellas, y es ahora su huella lo que busco con la esperanza de que vuelva a sostener el mundo durante un instante. Lo bonito es que siempre que se lo pido, lo hace.