[Clásicos revisitados XII]
Estábanse un día los semidioses del campo, Pan y Baco,
campestres habitantes arcadios, reposando plácidamente junto a una fuente a la
hora de la siesta…
Cuando, de repente, un niño, por nombre Marcelino, irrumpió en
el idílico locus con pasitos torpes como de corderillo ebrio. Un grupo de
ninfas que al fondo se refrescaban, advirtiendo semejante torpeza y conociendo
de propio el efecto de sobresaltar al dios carnero, corrieron a esconderse tras
un pino presas del pánico.
Mientras esto sucedía, ya iba Baco despejándose la
frente, preparándose resignado para la contienda inminente. Sin embargo, viendo Pan que el tal osado impertinente inoportuno no era
tuno, sino muchacho, decidió dejarlo marchar con una condición únicamente:
-Puesto que a un semidios has molestado con tu insidioso
paso, ésta será tu condena; que pasarás tu existencia, toda ella, molestando a los dioses que te encuentres. Y vamos ya, Baco amigo, en busca de aquellas ninfas, que
este pajaruelo pronto dejará la
Arcadia.
Y así fue que Marcelino dejó a Pan y Baco junto al río y se
fue a cumplir con su destino…
Marcelino, a la izquierda, molestando a Afrodita
Aquí vemos a Marcelino molestando a Apolo
Y, finalmente, Marcelino molestando a Jesús



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada