29 de octubre de 2011

Marcelino, Pan y Baco




[Clásicos revisitados XII]

Estábanse un día los semidioses del campo, Pan y Baco, campestres habitantes arcadios, reposando plácidamente junto a una fuente a la hora de la siesta…

Cuando, de repente, un niño, por nombre Marcelino, irrumpió en el idílico locus con pasitos torpes como de corderillo ebrio. Un grupo de ninfas que al fondo se refrescaban, advirtiendo semejante torpeza y conociendo de propio el efecto de sobresaltar al dios carnero, corrieron a esconderse tras un pino presas del pánico.

Mientras esto sucedía, ya iba Baco despejándose la frente, preparándose resignado para la contienda inminente. Sin embargo, viendo Pan que el tal osado impertinente inoportuno no era tuno, sino muchacho, decidió dejarlo marchar con una condición únicamente:

-Puesto que a un semidios has molestado con tu insidioso paso, ésta será tu condena; que pasarás tu existencia, toda ella, molestando a los dioses que te encuentres. Y vamos ya, Baco amigo, en busca de aquellas ninfas, que este pajaruelo pronto dejará la Arcadia.

Y así fue que Marcelino dejó a Pan y Baco junto al río y se fue a cumplir con su destino…




 Marcelino, a la izquierda, molestando a Afrodita


Aquí vemos a Marcelino molestando a Apolo


Y, finalmente, Marcelino molestando a Jesús