4 de noviembre de 2011

la felicidad


[apañados estamos]


-Si me preguntaras, que no lo haces, qué pienso de la felicidad, o si pienso en ella, te diría que he pensado mucho la felicidad en el pasado y que finalmente no la he encontrado. Lo que sí he conseguido, como puedes ver, es alcanzar cierto grado de honestidad. 

-Yo, sin embargo, me he vuelto más huraño con el tiempo. ¿Ves esta suela que gastan mis zapatos? Me la han repuesto ya siete veces este año. No puedo caminar más. Me duelen los pies. Pero también pienso, a veces, en la felicidad. Y si tú me preguntas a mí, te diré que no, que no soy feliz del todo. Pero sigo queriendo serlo, que más vale tarde...

-Yo prefiero nunca. Me da cierta paz el pensarme infeliz sin condición, indiferente al estar alegre o triste porque ya sé que feliz, lo que se dice feliz, no voy a ser. Llámame cínico y probablemente no te equivocarás. Y tranquilo también, porque así es como más me siento.

-Tú mismo lo has dicho, que yo de filosofías no entiendo. Pero quisiera que me explicaras eso de ser triste por vocación.

-No he dicho triste, no tergiverses. Lo que yo he dicho es tranquilo e indiferente. Se puede no ser feliz sin estar tampoco triste. Es algo parecido a la ataraxia.

-No me ha dado tiempo a estudiar la carrera de Filosofía en los dos últimos minutos, como comprenderás. Pero yo entiendo por ataraxia una forma de felicidad budista o algo así...

-[Sonríe] Y así es. Y es también algo parecido a la felicidad para los escépticos, por ejemplo. Pero no es una felicidad de goce o exuberancia pasional, sino todo lo contrario: es la remisión de las pasiones.

-No creo que sea posible no sentir nada.

-Sí es posible. Hay momentos de relajación o de concentración en que podemos abstraernos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias emocionales. Es como "olvidarse" uno de sí mismo un poco.

-No te creo. Yo no puedo hacer eso. Y aunque pudiera, no querría hacerlo. ¿Por qué iba a querer no sentir? Para mí la felicidad es un sentimiento exuberante, como tú dices, que merece la pena sentir. Y también merece la pena sentir, desde mi humilde punto de vista, el entusiasmo ante un claro de luna, ante una puesta de sol, ante la vida que se abre camino...

-Deberías escribir versos, ¿sabes?

-Y tú deberías dejar la filosofía.






3 comentarios:

pituenti dijo...

esos días en que siento que escribes solo para mí... son extrañamente felices.
Visionaria said.

Carol Bret dijo...

Esos días en que lo que escribo te hace sentir extrañamente feliz, son especialmente felices :)

marc dijo...

la filosofia a veces podria ser a la poesia lo que el esqueleto para el cuerpo, pero ¿de que sirve un esqueleto sino tiene un corazón que bombea litros de sangre roja, unos pulmones que la oxigenan y una mente que siempre busca antes satisfacer el ansia del querer que del conocer?

Tal vez la "razón" del origen del universo, por mucho que se esfuerzen los físicos por una parte y los teólogos por otra en saberla, fué poesia pura, nada de ciéncia ni de filosofia ni de teologia.

En la actualidad no és posible encontrar poesia sin filosofia que la acompañe pero en el origen si lo fue.